En muchas ocasiones, el cuaderno donde voy anotando el guion de Medrín: Tierra de Aventuras se convierte en un jeroglífico.
Mi letra mezcla cursiva e imprenta —quizás por mi paso por un colegio técnico— y a eso se suman papeles pequeños, con trazos rápidos y efusivos, donde anoto ideas sueltas o diálogos entre los hermanos.
Con todo ese material, llega un momento en el que necesito ordenar.
Evalúo qué queda y qué no. Qué descarto definitivamente. A veces paso semanas buscando el remate justo para una escena, esa palabra que le dé sentido.
Cuando aparece, es liberador.
Encontrar el sinónimo preciso, esa sinergia entre los personajes… hace que todo encaje. Pero casi de inmediato surgen nuevos problemas.
No todas las ideas funcionan en el momento en que estoy escribiendo. Algunas no encajan con la historia actual. Pero no las descarto: las guardo.
Tal vez más adelante encuentren su lugar.
En algún momento, pueden convertirse en parte del lore de Medrín.
No todo lo que anoto termina en la historia…
pero todo forma parte del mundo.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario